Mi barrio está cambiando. Hace ya rato, la verdad. ¿Cómo era eso de las ranas que se achicharran en el agua que se calienta lentamente? Si esa rana viviera en mi barrio o en el tuyo te diría que no es imbécil, que es consciente de que el agua acabará por hervir y que se achicharrará, quizás no ella misma, pero sí otras ranas vecinas que le importan. Te dirá que es incluso capaz de preocuparse por ranas que ni conocía y sabe que serán las primeras en combustionar.
¿Por qué estamos hablando de ranas? Ah, porque llevamos viendo años cómo el barrio cambia, la derecha ya no viene por aquí a hablarnos de ocupación, ya solo lo hace desde lejanas pantallas, porque sabe que la ocupación que asusta a las vecinas es la de sus colegas, los grandes tenedores de viviendas, los fondos de inversión. Porque sabemos que los únicos extranjeros que dan ya miedo son los oligarcas internacionales que compran edificios enteros para especular, o quienes vienen del norte con el poder involuntario de subir varios puntos porcentuales la renta de pisos modestos, o los estudiantes europeos que alimentan, seguramente a su pesar, el mercado temporal de alquiler, desbocado reducto de la avaricia.
Ya no vienen a hablar de ocupación, porque poca gente de la que vive aquí tiene más casas que la propia, y porque tanta gente ni casa tiene, así que qué le van a ocupar. Porque los caseros son cada vez menos vecinos y cada vez más fortunas lejanas que votan con sus millones de euros. Porque la preocupación de que te ocupen la casa ha quedado netamente superada para tanta gente por la convicción de que sus hijos e hijas nunca podrán acceder a una. Menuda rana idiota hay que ser para seguir chapoteando en la charca turbia del cuento de la ocupación mientras ves cómo tu gente, tus vecinas, tus amigos, se ahogan por no tener dónde vivir.
Lo cierto es que el barrio está cambiando, hay pisos que se venden a un millón de euros frente a una plaza llena de basura, se siente como un asentamiento de colonos, la avanzadilla que acabará de expulsar a la población original, en un proceso de conquista a golpe de adquisición inmobiliaria con las administraciones como secuaces necesarias. Contribuirán activamente: destinando dinero público a convertir el barrio en un departamento con farolillos de la ciudad marca, capacitando a los negocios para potenciar su atractivo turístico, mientras dejan que el mercado decida el precio del metro cuadrado, sin ninguna intervención. Lo harán por omisión, legislando leyes de vivienda que son coladeros que dan mucha risa a las clases oligárquicas mundiales que manejan lo de “hecha la ley hecha la trampa” con envidiable habilidad. (ELSALTODIARIO.COM) (LEER MÁS)
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