En San Antonio de Padua, 37, en Usera, hay una palabra que se repite en cada conversación y en cada rincón del local: Autonomía. Con mayúscula, porque aquí actúa casi como un nombre propio. El espacio, diáfano y sin despachos, con las paredes cubiertas de fotos, intenta parecer lo que muchos de los jóvenes que pasan por allí no tienen: un hogar. Desde este bajo funciona el nuevo recurso municipal centrado en prevenir el sinhogarismo juvenil, una línea específica dentro de las cinco del programa ASPA (Apoyo Socioeducativo y Prelaboral de Adolescentes) que interviene antes de que la situación se vuelva irreversible. En 2025, han atendido a 88 jóvenes con riesgo de terminar viviendo en la calle.

Uno de ellos es Mamadou, de 24 años. Llegó a Madrid desde Senegal para jugar al fútbol, pero una lesión de rodilla lo cambió todo. «Me operaron y me dejaron de acoger. Estaba en un centro, pero mi salida ya estaba a punto de terminar y no podía casi ni caminar», recuerda. Durante semanas fue encadenando soluciones precarias, como quedarse en casa de un amigo en Vallecas, hasta que encontró el programa. «Me apoyaron en todo: papeles, formación, buscar trabajo…». Hoy trabaja como bartender, vive de alquiler y mira atrás con gratitud. «Son mi familia. Es algo que no les puedo pagar. Solo agradecer y prestarme a participar y ayudar como pueda», añade. (20MINUTOS.ES) (Leer más)