Este lunes Madrid arrancaba las clases en alerta amarilla por calor y temperaturas máximas por encima de los 36ºC. En medio de este bochorno, Isabel Díaz Ayuso decidió poner fin a las declaraciones negacionistas de su Gobierno sobre el calor y asumir una realidad bien conocida por las familias con hijos en edad escolar: que las aulas de la región se han convertido en hornos durante varias semanas al año y que sin sistemas de climatización será imposible sacar ese calor de las clases.
La Comunidad de Madrid anunció que va a gastar 1.240 millones de euros para mejorar la climatización, la eficiencia energética y la accesibilidad de cerca de 1.400 centros educativos públicos. Se trata de una inversión histórica para la que aún no se han detallado ni plazos ni alcance concreto, pero que supone un aumento gigantesco respecto a los 60 millones en arreglos de los que presumía hasta ahora la consejera de Educación, Mercedes Zarzalejo, como única medida adoptada. “Cuando hace calor, hace calor”, llegó a decir para justificar que no llegara más dinero.
¿Qué ha sucedido para este giro radical en el Gobierno de Ayuso? Por un lado están las elevadas temperaturas registradas en Madrid durante la primavera y el verano (El Retiro alcanzó el domingo la mínima histórica más alta durante un mes de septiembre, con 24,8ºC) y por el otro las presiones de municipios y sobre todo de las familias de los alumnos afectados, que este año multiplicaron sus protestas. Algunas de ellas se agruparon en la plataforma Aprender Sin Calor y organizaron acciones durante el pasado mayo y junio para presionar a la administración (ELDIARIO.ES) (LEER MÁS)
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